• Unas prácticas diferentes

    En el Centro San Marcelino Champagnat de Bucarest. Un lunes cualquiera, nos encontramos en Bucarest, con miedo a convivir con algo tan desconocido, sin saber hablar el idioma, lejos de nuestras familias. Sin embargo nos llevamos una gran sorpresa, ya que desde el primer día sentimos que los niños nos robaron el corazón.

    Los primeros en recibirnos con los brazos abiertos, y en hacernos sentir como en casa, han sido los Hermanos Juan Carlos y Carlos, los dos responsables del centro en este momento, que sin duda hacen un trabajo estupendo, ocupándose de la educación, de la salud y de darles el amor que tanto agradecen. Siempre recordaremos los cafés, y los chocolates de Carlos, después de las comidas, acompañados de las historias de Juan Carlos sobre los niños que allí vivían.

    En cuanto a los niños no hay nada malo que decir. Nuestra intención era ir allí como maestras, pero al final fueron ellos quieren nos enseñaron que se puede estar siempre feliz, incluso con vivencias tan duras como las suyas. Nos enseñaron a quitarle valor a lo material, que los recuerdos que llegan al corazón siempre son el mejor regalo.

    Cada uno de ellos aporta algo diferente, pero esencial, a las casas. La impulsividad de Mariana, el perfeccionismo de Armando, la bondad de Robert y Toni, el sentido de responsabilidad de Iuliana, la mirada de Claudiu, la sonrisa de Dani y Alex, los ojos bonitos de Alex Barcan, la ternura de Sevi, el encanto de Aleka, el buen humor de Adrián son solo algunas de las cualidades que destacaríamos de todos nuestros niños.
    No importaba la actividad que hiciéramos (pintura, comba, manualidades, informática, juegos en el parque, tardes de cine, etc.,…) siempre estaban dispuestos a poner todo de su parte para que saliera bien, sin tener en cuenta el problema del idioma. Incluso los más pequeños, que no hablaban apenas español, participaban. Y al final ya sabían decirnos que “nos querían con locula”. Bastaba una sonrisa para que comprendieran que lo estaban haciendo bien, y para motivarles a seguir.

    Nos quedará el recuerdo de la “ciorba”, de los besos de buenas noches, de la singularidad de cada casa, de su esencia, de los momentos de reflexión del domingo, pero en especial, de las sonrisas de cada uno de ellos.

    Alumnas de la Facultad de Educación
    Universidad Pontificia de Salamanca
     

    Comparte la noticia

    Últimas noticias


    HEE en el Hermitage

    Cuarenta y cuatro participantes, pr...

    [Leer +]


    Buscamos Profesores

    ¿Tu pasión es la educ...

    [Leer +]


    Ser nuevo educador

    110 nuevos educadores de todos los...

    [Leer +]