• HEE en el Hermitage

    Cuarenta y cuatro participantes, principalmente de las promociones XIII y XIV, del HEE (Hermitage Escuela de Educadores) y seis formadores y acompañantes llegábamos el domingo 8 de julio cuando la tarde empezaba a caer sobre la casa del Hermitage. La paz del valle y la serenidad del ambiente nos impresionaron al llegar.

    Los días iban dando vida a lo que tantas veces habíamos oído contar y poníamos sonido al Gier y luz al brillo de sus aguas. Nos hablaba el puente, los caminos, el paseo de los plátanos, el recuerdo de la capilla del bosque y veíamos a Marcelino en la construcción de la casa y nos le imaginábamos rodeado de los primeros hermanos llenos de vida y que era verdad que era Dios quien vivía en este hombre.

    Es como cuando llegas a la casa de tus antepasados, todo evoca y te detienes en los lugares más especiales: la roca que efectivamente estaba allí y era más de lo que imaginábamos, la escalera, el museo con los recuerdos de familia, la sala de los frescos que fue testigo de tantos momentos cargados de familia, de crisis, de vida y la habitación de Marcelino… qué evocador el sonido del Gier al abrir la ventana.

    Y comprendimos porqué a La Valla la llamamos la Casa de la luz. Recorrimos los caminos que Marcelino recorrió y entendimos más su carácter al ver Rosey y Marlhes. Comprendimos que nacimos para ocuparnos sobre todo de los niños y jóvenes más necesitados y experimentamos que todo nos hablaba de sencillez, de familia y veíamos que María era compañera del día a día.

    Las celebraciones participativas y con sus tiempos de interiorización fueron centrales estos días. El H. Benito nos lo facilitaba magistral y sencillamente.

    Reflexionamos y compartimos lo que había supuesto el HEE para nosotros y cómo seguir haciéndolo vida.

    Sentimos que como promociones del HEE reforzamos lazos, compartimos sueños, nos veíamos más maristas, más próximos.

    Una sentida celebración en torno a los restos del P. Champagnat cerraba nuestra semana en el Hermitage y clausuraba nuestro HEE y nos volvíamos sabiendo que los lugares maristas no se irán de nuestro corazón y que el HEE sigue en nuestras vidas.
     

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